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Historia y aplicaciones del acero inoxidable


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A principios de los años veinte, en la industria, se inició la aplicación de temperaturas de proceso, presiones, reactivos y otras condiciones que estaban más allá de las características de los materiales existentes en esos días. Un ejemplo evidente es el de la industria petrolera. Durante esa década, los procesos para la refinación del petróleo se desarrollaron rápidamente. Se encontró que los tubos ordinarios de acero al carbono utilizados en los intercambiadores de calor se corroían aceleradamente, de forma particular cerca de los extremos; debido a esto, se consumían grandes cantidades de tubos, por lo que fue preciso hallar una solución inmediata. Una de las primeras aplicaciones del acero inoxidable fue la sustitución de estas secciones de tubos por una aleación al cromo, conocida actualmente como tipo 429.

Sin embargo, los primeros trabajos realizados para la fabricación de los hierros y aceros inoxidables datan del siglo XIX. Ya en aquellos días se sabía que el hierro aleado con ciertos metales, como el cobre y el níquel, resistía mejor a la oxidación que el hierro ordinario. Desde 1865 y hasta el inicio de la primera guerra mundial, se sucedieron diversos avances con mayor o menor éxito en la fabricación de aceros incorrompibles por el óxido. Woods y Clark, Hadfield o Guillet y Portevin, fueron algunos de los nombres propios de la época.

Pero fue en los albores de la primera guerra mundial cuando, casi en paralelo, el británico Harry Brearly y los alemanes Strauss y Maurer, sentaron las bases sólidas del actual acero inoxidable. El primero lo hizo investigando cómo mejorar una aleación para proteger los cilindros de los cañones. Descubrió que, agregando cromo a los aceros de bajo carbono, obtenía aceros resistentes a las manchas (stainless) o resistentes a la oxidación. Los doctores alemanes, por su parte, patentaron en 1912 dos grupos de aceros inoxidables al cromo-níquel de bajo contenido de carbono; uno de éstos, con la denominación 18-8 (18% de cromo, y 8% de níquel), ha sido utilizado desde entonces en numerosas aplicaciones (como los fregaderos de cocina, por ejemplo).

Su resistencia a la corrosión es lo que da al acero inoxidable su nombre. Sin embargo, justo después de su descubrimiento, se apreció que el material tenía otras muchas valiosas propiedades que lo hacen idóneo para una amplia gama de usos diversos. Las posibles aplicaciones del acero inoxidable son casi ilimitadas. Por citar algunas de las más comunes:

- Hogar: cubertería y menaje, fregaderos, sartenes y baterías de cocina, equipamiento de jardín, puertas, mobiliario general y de decoración, electrodomésticos...

- Construcción: Fachadas de edificios y mobiliario urbano (cabinas telefónicas, escaparates, marquesinas, estructuras decorativas…), columnas, ascensores, escaleras, barandillas, vagones de metro e infraestructuras de estaciones...

- Industria: equipamiento para la fabricación de productos alimentarios y farmacéuticos, plantas para el tratamiento de aguas potables y residuales, plantas químicas y petroquímicas, componentes para la automoción y aeronáutica, depósitos de combustible y productos químicos...

 

Parece evidente que la evolución y aplicaciones del acero inoxidable son imparables. Aparecerán nuevas aleaciones con diferentes proporciones de metales, que proporcionarán nuevas aplicaciones impensables hasta hoy día. Y ahí estará Inoxlife para hacérselas llegar con el mejor equipo de profesionales.